Proyecto La Granja: Una experiencia hacia la educación emocional
Buenas a todos! En la entrada de blog de hoy quiero compartir una experiencia más personal sobre un curso formativo que realicé en el curso académico 2023/2024. Estaba ofertado en el segundo cuatrimestre aquí, en nuestra facultad UCM de Formación del Profesorado y me pareció una idea estupenda conocer más sobre un proyecto que bien indicaba:
“Educador Emocional Estadio 1. Plan sistémico de Educación Emocional para centros educativos Curso Académico 2023/2024 / Emotional Educator Stage 1 oh the Emotional Education Systematic Plan for Schools Academic year 2023/2024”.
Y no cualquiera, sino un método llevado a cabo por lo que conocí como La Granja.
Sobre mi experiencia formativa...
Estas somos nosotras en la última sesión.
El curso constó de apenas cuatro sesiones. Pero qué cuatro sesiones!! Inicié el curso con la compañía de María, compañera de clase (Mery, si ves esto, te quiero <3) y ambas estábamos muy ilusionadas. Aunque, desgraciadamente María se puso mala y tuve que continuar sola esta oportunidad que se nos había presentado. Pues bien, cada uno de los días teníamos una formación que duraba (creo) una jornada de 4 horas por día. Con un descanso intermedio.
Tuvimos un inicio teórico en la facultad sobre el proyecto de La Granja, y nos tocó presentarnos. Una de las cosas que más me gustó fue la cercanía y la familiaridad del trato desde el primer momento. Yo estaba en una "comunidad" reducida de unas 12 chicas aproximadamente, que estaban ilusionadas como yo en querer aprender más sobre lo que era ser un EDUCADOR EMOCIONAL. Lo bueno es que había edades diversas, ya que los cursos se ofertan en general para grados y másteres, entonces la riqueza de la variedad era mayor aún. Unas éramos de pedagogía, otras de magisterio, otras de dobles grados y luego chicas de máster. Incluso fue guay coincidir gente de ambos turnos; mañana y tarde.
Pues bien; todas las clases; siempre tenían una parte de teoría y una de práctica. No era una formación formalizada, sino que todo fue formación acerca de las emociones y qué metodología seguían en este centro. Las dos primeras clases nos las facilitó Ricardo (Riky), educador emocional en La Granja (Madrid), la tercera la llevó a cabo Rocío, otra educadora emocional. La cuarta y última clase consistía pues, en conocer el centro y ponernos nosotras mismas en práctica con el cúmulo de saberes que habíamos aprendido desde el lado profesional. Por lo que ese día, literalmente, volvimos a ser niñas.
Como resumen; diré que la programación estaba super bien organizada; recuerdo que Riky siempre traía dinámicas para aprender grupalmente unas de otras; donde podías encontrarte desde retos a modo de juego simulando cómo resolver un conflicto (o problema común), con temporizador y con trabas en el camino...o bien te tocaba hacer un rol playing con dos chicas que acababas de conocer y ponerte a simular situaciones escolares o sociales y el resto tenía que adivinar la situación y qué intervención era la más correcta.
Recuerdo reírme mucho, sentirme como una niña, jugando y sacando lo mejor de cada una, desde la inocencia, la intuición y la puesta en común siempre de lo que sabía cada una por experiencia. Me recuerda un poco a la clase de este martes con Sergio ¿No? cuando dimos ese aprendizaje situado de Lave y Wagner. En este caso aprendíamos a tratar las cuestiones emocionales de los niños con actividades y saberes que nos acercaban al mismo tiempo a sacar lo mejor de nuestra niña interior.
La llegada de Rocío también fue muy bonita. Tocamos temas reflexivos muy importantes, compartíamos en la medida que podíamos sentimientos y crecimientos emocionales por cosas que habíamos pasado, que nos habían marcado. Escribimos, coloreamos, nos cuestionamos, hablamos de un yo pasado, otras tantas lo hacíamos de nuestro yo futuro...
Eran clases donde te tenías que demostrar lo que sabías y conocías de ti mismo; cómo te expresabas, cómo te comunicabas...hasta cómo te definías. Empezábamos las clases definiendo nuestro ánimo representado en otros lenguajes, como los colores. En adjetivos, en una metáfora, en algún otro elemento que pudiera asemejar o dar a entender ese estado en el que estábamos.
Rocío y Riky son; la chica de gafas con peto gris y el chico de la derecha desde nuestra perspectiva.
Quiero contar ahora un poco mi vivencia, el día que pasé en La Granja porque fue muy satisfactorio y me sirve también para recordar la experiencia que viví, que fue corta pero intensita...
Llegamos pronto a Fuentidueña del Tajo, al límite entre Madrid y Toledo en los coches de algunas de nosotras que podíamos facilitar (ya que es complejo llegar hasta la Granja, en mitad del campo). Además de lo lejos que supone desde nuestra facultad (y teniendo en cuenta que cada una de nosotras éramos de zonas súper distantes).
Una vez que llegamos, el equipo, y mas concretamente, Rocío y Riki, nos recibieron con un buen picnic en unas mesitas de madera que tenían por ahí. Tomamos café caliente y algunos dulces, la verdad que con el frío de la mañana de abril que era nos sentó super bien. Fue una buena bienvenida.
Nos enseñaron las instalaciones; donde ellos cuentan con habitaciones temporales para las clases de los colegios que acuden (puede ser de paso o estancias cortas de un par de días en horario lectivo) pero en verano está claro que están abiertos a un programa de campamento emocional que seguramente saque mejores aprendizajes que muchos coles jjjj.
Vimos; por un lado, instalaciones, como habitaciones, salas, algún taller, piscina de verano y habitaciones para los profes (su trabajo tiende a ser, vivir por temporadas allí y otras tantas en su hogar principal). Y por otro lado, la esencia de una granja, ¿No?; su cuadra con los caballos (Irrinchi, Estela) y ponis, un establo de cabras, una vaca (Greta), un burro (Pollino), sus pavos reales (como Felipe), etc...
Y ahí es donde nos tocó experimentarlo a nosotras mismas.
Hicimos varias actividades; pero las que más he de recordar son tres.
- La primera en orden de acontecimientos, consistió en sacar a los caballos de la cuadra y trasladarlos a un espacio en círculo, como una plaza improvisada delimitada por barras de metal. Tuvimos que dividirnos en dos partes, cada una de las cuales iba con un caballo. El reto, para las que la mayoría no habíamos tenido oportunidad de estar tan cerca de un animal así, era coger de la cuerda que le tenía sujeto al cuerpo y caminar con él, a la altura de su mirada. Parece fácil...pero NO LO FUE. Nunca pensé que sería tan simple y tan complejo a la vez: si no conectas emocionalmente con el animal, si tensas la cuerda y no fluye tu cuerpo, el animal no se mueve, no camina contigo a la vez. Se queda quieto, no quiere caminar. Recuerdo que los nervios jugaron una mala pasada a más de una, que sintió esa frustración de querer conectar y se trataba de fluir, no de imponérselo a uno mismo o exigírnoslo. En la mirada estaba el saludo inicial y la comunicación plena con el caballo.
Aquí sentí el verdadero reto del liderazgo; pues tú marcabas con un simple paso, el inicio de la caminata. Teníamos que dar al menos dos vueltas con el animal en un sentido y otras dos en el otro (haciendo cambiar el rumbo al animal). Para las más atrevidas, está claro que el reto fue ir cambiando el paso a un trote más marcado y otro estilo de contacto con el animal. Muchas sintieron esa frustración, algunas otras lloraron porque tenían que sacar ese sentimiento de miedo o respeto...incluso hubo una que tuvo la mayor terapia de choque; de pequeña sufrió la caída de un caballo y hasta ese momento no había vuelto a estar tan cerca de uno. Los nervios estaban a flor de piel y recuerdo el ánimo que le dimos y el trabajo de apoyo que hicieron por su parte, los educadores emocionales como Riky.
- La segunda actividad, tenía por reto escalar unas instalaciones de madera y en un punto concreto, acababa el camino y debías pasar al otro lado de lo que Riky inventó como "río de caimanes" acechando para comernos. El otro lado era la isla a la que debíamos cruzar. Parece otra tontería, pues bien, siempre pasaba algo maravilloso y era que en los días que estuvimos juntas descubrimos que siempre había una distinta que sacaba fuerza de voluntad para ser la primera en dar el paso y atreverse a llevar a cabo el reto. Recuerdo que, si lo pensabas bien, decías; cuantas más lleguen al otro lado, realmente más fácil es la otra parte del cruce y menor en la que todas estamos ahora. Recuerdo pensar; aquí está el liderazgo entonces, la primera se atreve con todas las de la ley, para apoyar al menos de primeras, a la siguiente que quisiera cruzar; estrechando el brazo o viceversa...(recuerdo que colgaba una cuerda al estilo tarzán, pero no era tan idílica ya que si caías con fuerza en la base de madera que simulaba la isleta, desestabilizabas a las demás y caíais todas al agua..es decir, perdíamos el reto común). La misma a la que habíamos apoyado por su trauma anterior con el animal, quiso ser la primera en atreverse con el reto. Le devolvimos la energía, de alguna forma. Pensé en el valor de la que también tomo la decisión de ser la última, porque claro, contabas con menos ayuda pero también dependía de ella todo el sentido del juego; que hubiéramos o no hubiéramos logrado salvar(nos) toda la tropa. Recuerdo risas y carcajadas al grito de :¡NOoOo, poN el pie derecho aquí y el izquierdo allá! ¡CuIdaDOOOO! El final, es que llegamos a lograrlo, sí, con algún que otro susto de estabilidad o de ejecución motivadas por la risa, la presión autoimpuesta o la observación de los educadores emocionales. Ahí estábamos nosotras, sin conocernos de nada, con nuestras respectivas vidas y circunstancias.
- La tercera y última actividad, fue algo que no nos esperábamos. Si lo anterior ya había sido un reto, este nos dejó una inesperada sorpresa final. Y es que, después de una dinámica comunicativa en la que expusimos temas como la confianza en el otro, nos preguntaron cosas como ¿Consideráis que confiáis en las demás si os caéis, si os pasa algo?...Ahí ya nos estaban dando bastantes pistas de lo que iba a pasar a continuación. Pues hicimos dos equipos, en base a si considerábamos que por personalidad nos podíamos considerar más auténticas adoptando papeles de liderazgo o éramos más personas de seguimiento. Yo era de este segundo bando. Entonces nos dijeron que la primera mitad iban a ser guías y la otra mitad, con lo ojos vendados, iríamos siguiendo las señales e indicaciones del otro grupo. No teníamos un guía como tal para cada una, ambos lados actuaríamos como un grupo unido. El reto era atravesar un espacio bastante distante desde el inicio al final (que habíamos visto y sabíamos que contaba con muchos cachivaches: estructuras de escalada,... o elementos como árboles, troncos o salientes). Incluso huecos en la tierra, que podían jugarnos una mala pasada. Nosotras, como "ciegas", tuvimos que coordinarnos mediante el habla, cómo sería nuestro modus operandi; ¿Ir en fila horizontal y atrevernos a la vez, pero con distintos obstáculos? O mejor, ¿Hacer una fila india, de modo que hubiera una primera y una última persona? Pues no se si fuimos unas básicas, pero escogimos la fila india. Con todo lo que eso conlleva.
Porque la primera, que recuerdo, fue una compi llamada Aurora, tomó en este caso la valentía de confiar en el otro grupo y atravesar los obstáculos en nombre de todas. Esto, es importante, porque claro, desde la perspectiva del otro grupo, situado en la distancia, podía dar a entender que algún obstáculo era más grande o más pequeño de lo que era. Y podías escuchar a Aurora decir cosas como: "Chicas, dar una zancada grande" o "Nada, es un hueco pequeño, no os preocupéis". Aparte de, tener por costumbre llevar un brazo en alto, por si pudiera encontrar un árbol o cualquier cosa en mitad de la nada, que tuviéramos que rodear. Recuerdo también frases como: "Si mal no recuerdo, más adelante había un tronco, o tendremos que rebasar esto o lo otro...". Y fue bonito, porque en realidad, había líderes en nuestro grupo de "frágiles" o seguidoras de otros líderes más grandes, el otro grupo. Y eso fue gratificante, nos sentíamos como ese grupo de marines que hemos dado esta semana ¿No?, cuando dimos que sin la acción del todos por todos, individualmente no puedes alcanzar el objetivo, te pierdes, definitivamente. Y es más, no dota de sentido para ti ni para el resto, ya que te has desvinculado de él.
Así que, con el paso de los minutos, fuimos cobrando más liderazgo y creencia en nosotras mismas. Porque, a decir verdad, el grupo que se consideró con dotes de liderazgo también empezó a tomar un liderazgo propiamente. ¿Curioso, no? Porque no pensaron que la forma de liderar o en este caso mejor dicho "guiar", iba a ser distinto en cada una de ellas. Unas pretendían guiar a la primera de nuestra fila, Aurora, cuando otras veían importante repartirse de modo que unas guiaran a la primera mitad de la fila, otras a la segunda mitad y las otras las últimas. Yo estaba de las del medio, por pura casualidad. Pero en realidad, esto es como cuando pasas a un pasaje del terror y te pides en el medio porque el primero y el último siempre se comen los marrones más grandes. Pues bien, a medida que nos aproximábamos a un obstáculo, para cada una de las líderes tenía una relevancia concreta. Para unas iba a ser difícil y para otras, estaban seguras que rebasarlo iba a ser pan comido. Pues adivinar; entre indicaciones de unas, indicaciones de otras...recuerdo que el verdadero sentido de nuestra fila estuvo en lo siguiente:
Al final, lo más importante, siempre era el que iba delante de ti; y por las mismas, tú eras lo más importante para tu compañero de atrás. Cuando nos tocó enfrentarnos a un troco caído, Aurora guio a la de atrás, dándole el consejo de: "Está aquí, cuidado con el pie tal, apoya el otro en este sitio...". Y aun así, mientras la de atrás también confiaba, lo vivía a su modo. Y por su experiencia, le decía lo mismo a la de atrás, pero con algún añadido o cambio: "Cuidado con dar una zancada pequeña, que te lo comes, amplíala bien". De esta forma, otro problema se presentaba; nosotras íbamos sujetas de los hombros de la de delante. Cada una imaginaba el tronco y la situación (el problema) de una forma distinta totalmente. Casi que tenías que estar atenta a lo que decían las indicaciones tres personas por delante de ti para comenzar a hacer tus cálculos. Y no cometer los errores de alguna de delante que al final erró, sino mejorar tu paso y la de las que iban detrás tuya.
Y así lo logramos, con pasos de plomo, mucha prudencia, paciencia, mimo, decoro, tacto, miedo, incertidumbre y pasos cortos y bien medidos. Nos dimos nuestro tiempo, que de alguna forma fue cronometrado, pero lo importante es que nadie se quedó atrás en el camino y todas logramos llegar con el otro grupo. El abrazo de la primera foto, es el que nos dimos después de esta actividad. Lo recordaré durante mucho tiempo.
Como bien trato en este blog, aquí os dejo esta experiencia sobre lazos y puentes. Creo que es una experiencia muy chula. Y permitirme deciros que, este tipo de actividades, son necesarios tanto para gente como nosotros, que estamos formándonos, como para equipos adultos. Estas actividades las repiten y están preparadas para unir más los grupos, las comunidades que comparten unas cosas y otras (formación, trabajo, familia, amigos...) y te retas a ti mismo sobre lo que puedes dar. Más allá incluso, de lo que creías. Para mí fue un descubrimiento, y decir que, para ser un único día, salí de allí con la energía renovada y con más sentimiento de capacidad. Qué decir si nos retásemos a pasar unos días con personas que queremos o desconocemos, qué podríamos aprender o cuánto podríamos crecer...

¡Que experiencia tan bonita! Y que bien nos la cuentas. Es muy interesante el trasfondo que tiene el hecho de enseñaros cómo ser un educador emocional viviéndolo en primera persona de forma activa. Creo que no hay mejor manera de aprender a ser educador que con el ejemplo y viviéndolo para comprenderlo e interiorizarlo, así sabes mejor cómo se sentirían las personas a las que vayas a educar.
ResponderEliminarCreo que para ser el único curso que hice en esta facultad, me ayudó un montón a descubrir una profesión que hasta el momento desconocía y me motivó muchísimo. Además de que no pudieron ser mejores formadores los que lo impartieron. Sé que si hubieras venido nos hubiéramos reído mucho y tendríamos bonitos recuerdos 😿✨
EliminarMi Laura, gracias por poner un poquito de mi en tu blog, para mi es muy importante. Es muy bonito como cuidas cada detalle de este experiencia y haces que parezca que ya la hemos vivido. Cómo es de importante ver la educación emocional en nuestra carrera y como escasea en muchos momentos de ella. Ojalá promover más experiencias como estas.
ResponderEliminar¡Cómo no acordarme! Si al final las dos teníamos un mismo propósito de aprendizaje. Creo que sin ese empujón, no me hubiera atrevido a vivir igual la experiencia. Ojalá que en un futuro podamos hacer otro curso juntas y sumar formaciones junto con recuerdos. 🥹🩷
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