La sociedad adormecida, una con aparente libertad.

 Hoy, en "Tejiendo lazos, trazando puentes", os traigo un mensaje un tanto más serio, para analizar y pararnos a reflexionar sobre un tema del que siento que no todos hablan. Tiene que ver con una profunda crisis social en la que llevamos formando parte un tiempo, solo que se camufla en el día a día y solo quienes deciden hablar en lugares importantes, divulgativos, o quienes escriben libros sobre estos temas pueden generar ese gran debate a nivel social. 

 No tenía pensado compartirlo en el blog, pero dado que es un tema que últimamente me ronda mucho en la cabeza y por el cual veo ejemplos muy serios en mi día a día, me voy a animar a compartirlo. Y lo haré en base a una noticia que tuvo lugar hace una semana. 

Esta entrada de hoy, es un espacio para la reflexión, y siento decir que es desalentadora. Porque no siempre vale el positivismo del día a día si pasan desapercibidos mensajes como el que Byung-Chul Han nos expone en el discurso que aconteció el pasado 24 de octubre de 2025.



 

Ahora sí, os dejo con la reflexión:

DEL FILÓSOFO QUE VINO A DESPERTARNOS

Como he dicho antes, el pasado 24 de octubre de 2025 el filósofo surcoreano- alemán Byung-Chul Han recibió en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. 

Han subió a recoger el premio y nos regaló un discurso cargado de pequeños y grandes mensajes, todos ellos bajo una advertencia abrumadora: 

"Mi labor intelectual consiste en desadormecer a la sociedad, porque algo no va bien", compartió ante el auditorio. 

Han se ha convertido en una de las voces más lúcidas y más incómodas (para muchos, incluso supone una ofensa) de nuestro tiempo. En esa frase, sencilla pero inquietante, Han se apoya para exponer conceptos como la sociedad del cansancio o la psicopolítica; conceptos que describen un ser humano contemporáneo convertido en su propio opresor. ¿Nos podemos creer seres libres, mientras nos agotamos en la auto explotación?

Sus majestades los reyes, entre otras entidades de gran poder, escucharon con atención su invitación a mirar más allá del espejo del YO. A cuestionar la libertad que se nos promete y la esclavitud invisible que hemos decidido aceptar. ¿Es eso lo que quiere decirnos con adormecerse? ¿Hay que aprender a abrir los ojos en medio del ruido?

Si Han empezaba fuerte con el entrante, ese sueño colectivo de libertad aparente, su siguiente idea no se queda atrás...




LA FALSA LIBERTAD: CUANDO EL YO SE CONVIERTE EN SU PROPIO AMO

Han señala que vivimos bajo un "régimen despótico neoliberal" que explota la libertad. 

La dominación no solo viene del poder externo, depende de nosotros mismos. Nos creemos seres libres pero somos, hoy más que nunca, esclavos de la autoexigencia a la que nos sometemos en el día a día: productividad sin cesar, optimización, venta por medio de likes, en presencia. 

Aquí viene el plato fuerte, del concepto que a mí me ha costado traer un poco aquí, que es el del "yoísmo contemporáneo". No nos engañemos, el "yo" ya no se ve como sujeto, estamos viviendo como un producto. Nos han dicho, e intentamos aplicar, que somos seres sociales por naturaleza, pero estamos ante una revolución de cómo nos vemos como sujetos. Estamos en la era de la hiperdigitalización y sin embargo, estamos a la vez, más desconectados que nunca. Nos guste o no, nos estamos volviendo producto, al pensarnos individualmente como gestores de nuestra propia imagen, el YO como una marca. Tenemos que atraer, tenemos que gustar, tenemos que agradar.  

Aquí es importante recalcar que el papel del ego deja de ser un exceso moral y se convierte en una obligación cultural: "se tú mismo", "hazte visible", "destácate". 

Han expone lo que se puede ver como una completa paradoja de nuestro siglo: la libertad ya no nos libera, sino que nos consume. En un sistema que nos tiende trampas, se nos hace creer que elegimos, cuando en realidad respondemos a una compulsión del éxito, a la adicción del rendimiento. 

Existen estados de ansiedad y depresión ligados a sensaciones de "no soy suficiente", "no soy lo bastante.."...estamos en deuda con nosotros mismos. Y todo esto no es fruto de un tirano exterior, lo más fuerte es que esta crisis nace desde cada uno de nosotros, como sociedad, por una estructura mental que compartimos. El yoísmo nace de querer destacar, tener que ser competentes con los otros, ser distinto, ser más, ser más único...y no es un mensaje que dentro de bonitas palabras encierre una ética muy sana de nuestra generación. 

Dice Han: "El yoísmo, en el fondo, es la enfermedad de una época que ha confundido la autenticidad con la exposición constante". 

Y qué (mejor/peor) herramienta o arma en esta lucha del interior al exterior por ese deseo de mostrarnos y medirnos que la tecnología. Nos es la única culpable, solo es el espejo perfecto de ese concepto yoísta. 

TECNOLOGÍA, SERVIDUMBRE VOLUNTARIA

"No es el smartphone nuestro producto, sino que nosotros somos producto suyo", afirmaba Han. Lo que creemos dominar, nos domina a nosotros. Ya sea la red, o la visibilidad digital. 

Hay todo un ecosistema alimentado por nuestra atención en cada scroll, cada notificación, cada toque. La tecnología se vuelve sujeto, que nos controla a nosotros, le estamos dando el papel que nos da miedo que posea el día de mañana. Sintiéndolo mucho, ya nos domina. Y lo hace desde el sigilo en nuestra mentalidad, por nuestros impulsos apegados y nuestro sistema nervioso alterado. Nos compra ella a nosotros, con gratificaciones. Nos realza de importancia, nos hace creer que es verdaderamente útil que conozcamos y no nos perdamos lo que ocurre aquí y allá. La última novedad del sistema capitalista, lo último que ha dicho alguien a quien nos debemos arrodillar por su nombre de gran amplitud (artistas)...

Necesitamos validación, no creemos en nosotros mismos, nos desprestigiamos al dar una opinión por cómo nos puedan mirar, el que hace algo por sí mismo o por independiente se le tacha automáticamente de alguien desconectado. Muy apoyada tiene que estar una idea nueva para fomentar positivismo. Por muy libres que nos digan que somos, todos nos pensamos dos veces qué compartir por eso que decimos de "me funan" o "me llevan preso".  En resumen, estamos en la nueva era de la esclavitud, solo que sin látigo y con un endulzamiento que poco tiene de bueno. Es puro veneno. 

DEMOCRACIA SIN VIRTUD: UNA CRISIS DEL NOSOTROS

En Oviedo, Han advirtió que la democracia no puede sostenerse solo con instituciones, sino con moeurs: costumbres morales, respeto, confianza, empatía. Cuando estas virtudes desaparecen, las estructuras se vacían.

Han recordó que “la libertad necesita límites” y que sin ética ni compasión, la autonomía se transforma en indiferencia. Vivimos en tiempos donde el desacuerdo se convierte en agresión, donde la diferencia se percibe como amenaza. Quizás el yoísmo no sea solo una crisis mental, sino también una crisis cívica: la imposibilidad de reconocernos en los demás.

DESADORMECERSE: EL DESAFÍO DEL PRESENTE

Algo no va bien”, repitió Han. Pero su advertencia no fue un lamento, sino un llamado. Desadormecerse, en su sentido más profundo, es recuperar la capacidad de ver y sentir lo real: lo que no se mide, no se publica, no se monetiza.

Quizás eso sea hoy un acto revolucionario: volver a escuchar, caminar sin auriculares, conversar sin pantallas, leer sin prisa. Redescubrir lo humano en medio del ruido del yo.

Tal vez el primer paso sea dejar de creer que somos el centro del mundo. Porque, como sugiere Han, solo cuando dejamos de mirarnos tanto a nosotros mismos, empezamos realmente a ver.




Voy a compartir apenas dos ejemplos anecdóticos en los que yo veo reflejado ese individualismo y ese cambio en el respeto en gestos sociales rutinarios. Dos gestos en los cuales veo que se han perdido las formas, se está perdiendo la educación. Dos gestos de muchos que veo en mi día a día. 

- Del conductor que no podía esperar: Hace unas semanas, tomé el bus que me lleva al centro de Madrid desde donde vivo. Y al montar, saludé como de costumbre al conductor, un chico que apenas tendría más de 35 años. Como cada día, circulábamos en la ruta habitual, tomando las paradas correspondientes y deteniéndonos en caso necesario, para dejar a alguien subir o bajar. 

Hay una parada a medio camino, que requiere de la desviación del conductor de la carretera principal, al estar en la gasolinera. Recuerdo que tomó la desviación, y que había un coche delante del autobús que aceleró y se apartó a un lado. Entonces del asiento del copiloto salió un hombre que corrió rápidamente a hacerle un gesto al conductor de que parase. En un acontecimiento rodado que apenas superó los dos minutos, el móvil del hombre se cayó al suelo y tuvo que retroceder para cogerlo. ¿Adivináis qué pasó? El hombre se agachó y en ese mismo momento el autobusero cerró las puertas y arrancó. Nos pusimos en marcha. Es aquí donde la verdad te planteas de qué modo actuar, ya que el asunto no va contigo y el conductor no tiene un gesto de hartazgo con la vida.

Hubo una mujer que se levantó del asiento y, creyendo que no se había enterado, se acercó hasta el conductor para decirle lo que había sucedido. Es entonces cuando el conductor se armó de valor para responderle de forma muy grosera que: "La vida es así, y que igual que el metro no espera, el autobús tampoco lo puede hacer". La verdadera rabia que sentí al oír unas palabras que nada tienen de ver con una situación como la que se estaba dando, me hicieron pararme a pensar en lo sumamente egoísta que nos volvemos solo por pensar en nosotros mismos. Me encantaría saber por qué a ese conductor le urgía tanto esos segundos de diferencia. Simplemente, delató su lado menos humano. 

Me sentí bastante mal al no saber qué podía hacer, cuando la semana siguiente una autobusera le contestó a un anciano que "La información sobre los horarios los tenía puestos en unos carteles en la parte posterior". Me molestó; ya no por lo vivido la semana pasada, sino por la poca paciencia de la autobusera para tomarse apenas la molestia de informar de algo que es su labor, a ese hombre mayor. 

De primeras, dejé mi bolso en el asiento. Me levanté a mirar esos estupendos carteles con el hombre, preguntándole cuál era su duda. Como era evidente, no aparecían los horarios y es cuando me acerqué a la autobusera. Le dije que si podía ser tan amable de atender al hombre, que ya apenas podía seguir en pie con las curvas que estábamos tomando. 

No me miró, no me contestó. Le costó la vida. Entonces cogió un aparato, al que marcó con un botón y tras unos segundos (y cabe recalcar, sin que dejase de atender a la conducción), una persona al otro lado de la línea le cogió la llamada. Fue un simple gesto de preguntar, fue una petición que apenas tardó dos minutos en atenderse. En vez de eso, se demostró que mejor opción era hacer como si nada. 

- De la mujer que no consideraba ser multada: Estaba volviendo de la compra con mi madre, y estábamos hablando de críticas sociales varias como las que expongo. Y se dio un acontecimiento inédito, para nosotras, reafirmante a lo que venía la conversación. Estábamos cruzando un paso de peatones y al otro lado de la acera una mujer de mediana edad se acerca a un guardia local con aire desesperado cuando le dice : Perdone, sobre la multa que me ha puesto. Verás, apenas han sido dos segundos, he dejado así el coche porque tenía que hacerme la renovación de la tarjeta del banco". El agente, que no podía ni creer lo que estaba escuchando, le responde: Eso está genial, pero seguramente por esos dos segundos, el coche de atrás podría estar llegando tarde al trabajo o el de más allá seguramente tenga sus motivos para circular. Yo también te pongo la multa porque estoy haciendo mi trabajo. Aquí todos tenemos una comitiva...su tiempo no vale más que el del resto del mundo. 





Me encantaría que, en los comentarios de este blog, me compartieseis alguna anécdota similar o que os haya marcado como alguna de las que os dejo yo por aquí. Donde os hayáis visto en la piel de tener que defender algo o a alguien, donde hayáis visto en la sociedad algún gesto aparente yoísta. Os leo!!!


Bibliografía:

https://youtu.be/fff7k_sWR7c?si=yN9Y0XLHdP3zFVe8




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